Armas Espirituales

Armas Espirituales

Para tomar nuestra tierra y conquistar nuestra ciudad y nación, necesitamos hacer uso de armas espirituales.
El Apóstol Pablo nos dice claramente:

Romanos 13:12
“La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz.”

Aunque estemos revestidos de luz, el enemigo intentará sacarnos de nuestra decisión por Cristo, nos tentará, querrá confundirnos y desanimarnos, vendrá con engaños y mentiras.

La única manera de salir victoriosos es mediante el uso de armas espirituales.
2 Corintios 10:3-6

“Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las amas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando nuestra obediencia sea perfecta.”

En Efesios 6:1-9, Pablo nos habla de la obediencia y la sujeción; del versículo 10 en adelante Pablo da instrucciones adicionales para enfrentar al enemigo en el día malo (“por los demás…); es decir que la obediencia (amor) al Señor, a nuestras autoridades y hermanos, es el elemento espiritual “protector” contra toda asechanza del enemigo.
El versículo 10 nos habla de fortalecernos en el Señor y no en nuestra propia fuerza u opinión, no en el consejo del mundo sino en Él.

El versículo 11 nos recomienda vestirnos de toda la armadura de Dios; en otras palabras nos dice que nos “revistamos de Cristo”, para que cuando el diablo venga con asechanzas, no nos vea a nosotros sino a Cristo.
Mencionaremos otra arma espiritual poderosa, además de la obediencia, esta es “el amor”.

Es importante saber que aunque el diablo es falsificador e imitador por excelencia, hay algo que él nunca podrá hacer: amar y perdonar.

El amor es la naturaleza del Hijo de Dios, porque Dios es amor.

Satanás no soporta el amor, porque su naturaleza es el odio, el rencor, la venganza, la amargura.

El Señor nos traslada al Reino de la Luz, pero es nuestra responsabilidad permanecer en luz, para ello es necesario amar al hermano.
1 Juan 1:9-11

“El que dice que está en luz y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas. El que ama a su hermano, permanece en luz, y en él no hay tropiezo. Pero el que aborrece a su hermano, está en tinieblas y anda en tinieblas.”

No existe obediencia sin amor, obedecemos y nos sometemos por amor.

El varón de Dios, da su vida en amor por su mujer; ella por amor se somete al varón que le ama, que la cuida que la cobija.

Jesús nos amó hasta el punto de dar Su vida por nosotros; nosotros Su iglesia, en amor y en gratitud nos sometemos y le obedecemos.

Otra importante arma de guerra espiritual es la alabanza.

El principio es muy sencillo. Satanás era el encargado de la alabanza y la adoración en el cielo, cuando era un querubín, que aún no se había rebelado contra Dios (Ezequiel 28:12-16; Isaías 14:11-15).

Cuando Luzbel pecó contra Dios, fue derribado del cielo y se le privó del privilegio de alabar y adorar a Dios; es por eso que ahora, él no soporta escuchar la alabanza a Dios, sobre todo si se hace con un corazón rendido a Él.

La alabanza es contraria a la queja o a la murmuración; uno de los propósitos del enemigo en esta guerra espiritual, es lograr que nosotros los hijos de Dios nos quejemos, protestemos, nos enojemos y que actuemos en forma contraria a la naturaleza o el carácter de Cristo, que es el fruto del Espíritu.

Podemos ver claramente que cuando Pablo y Silas estaban en la cárcel, cuando ellos alabaron y cantaron himnos a Dios, sobrevino un terremoto que sacudió los cimientos de la cárcel y las cadenas de todos los presos se soltaron (Hechos 16:25-26).

La humildad y sencillez de corazón son armas contra el enemigo ¿Por qué? Porque el hombre humilde depende de Dios para todo y porque la soberbia y la altivez es el pecado que subió al corazón de Luzbel.

La renovación y limpieza de la mente también es un arma poderosa, ya que el diablo ataca a través de los pensamientos, pero si estos son limpios y renovados, el enemigo no hallará cabida.

Podemos concluir de lo anterior, que son armas espirituales: La obediencia, el amor y todo el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22), la renovación de la mente por la Palabra, la humillación, la alabanza.

Además, Jesús nos dejó poderosos misiles espirituales como:

● “Su Nombre”,
● “El poder de Su Sangre”,
● “La oración en el Espíritu”,
● “La Palabra”.

En los próximas enseñanzas desarrollaremos un poco más estos temas.

Recibir ministración e impartición de parte de los cinco ministerios establecidos por Jesús, nos produce crecimiento en amor dentro del cuerpo, nos lleva a la madurez para no ser engañados ni movidos por doctrinas de error.

Esto es un arma poderosa ya que nos conduce a seguir la Verdad y a permanecer firmes.
Efesios 4:11-14

“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error.”

Todo aquello que el hijo de Dios puede hacer, más no así el enemigo, se convierte en arma contra él.
Nosotros mismos somos armas de guerra en las manos del Señor.
Jeremías 51:20

“Martillo me sois, y armas de guerra; y por medio de ti quebrantaré naciones, y por medio de ti destruiré reinos.”
Isaías 49:2

“Y puso mi boca como espada aguda, me cubrió con la sombra de su mano; y me puso por saeta bruñida, me guardó en su aljaba;”

Nosotros somos el arma más poderosa en contra del enemigo, cuando somos como flechas o espadas dóciles en las manos del “Valiente” (Jesucristo), para que Él pueda usarnos bajo sujeción y obediencia.

El enemigo no soporta eso, lo detesta, huye, ante la presencia de un verdadero hijo de Dios, un verdadero israelita espiritual el cual no hay engaño, que camina bajo cielos abiertos.

Atte. Apóstol José Luis García a los pies de Cristo.